Si no te gusta lo que ofrecen los medios, crea el tuyo

Elijo la primera. Todo periodista ha debido pasar por un momento de pausa para preguntarse si lo que estaba haciendo valía la pena como para seguir luchando o si era mejor renunciar para buscar un camino más lucrativo. Los menos afectados lo hacen con un sueldo garantizado, pero sin que ello represente su realización profesional. Lo que hacen no es ni de lejos lo que soñaron. No solo porque el dinero falta, que de eso el periodista ha tenido siempre conciencia, sino porque también las motivaciones se han ido. Los que perdieron su trabajo hacen ese alto obligados por las circunstancias económicas, pero también porque ya no quedan ánimos ni emociones para seguir haciendo aquello de lo que no está convencido. Se ha vaciado su espíritu de reportero. Se han quedado sin gasolina para seguir adelante. Han tirado la toalla con el rostro desfigurado después de librar y perder una batalla que los ha dejado sin aliento.

Me voy o me quedo. Tan sencillo como echar una moneda al aire para que decida por nosotros. Pero al final decidir qué haremos con parte del resto de nuestras vidas es demasiado relevante como para echarlo a la suerte. Algunos han decidido que lo suyo no va más. Que ya le dieron todo al periodismo y que el periodismo no les ha dado lo que correspondía. Muchos no están en paz con el periodismo. No se ha dado ni un final feliz, ni un final cordial. Están molestos, tristes, decepcionados. Todos hemos podido estarlo en algún momento y en alguna circunstancia. No se hace lo que uno quiere. No se gana lo que uno pretende. Se le ha pedido al periodista que deje de celebrar lo que se suponía que siempre debía celebrar y perseguir. Es como si a los futbolistas de un día para otro les dijeran que ya no se trata de anotar sino de pasarse la pelota en el mediocampo. Que ya no se trata de ganar sino de tirar a la tribuna. Un cambio de objetivos que llevan a que en algún momento te den ganas de mandar todo a la mierda. Y es incluso posible que lo hagas, pero si de verdad te apasiona el periodismo y la creación de contenidos, acabarás volviendo porque esa decisión que tomaste cuando aún no sabías muy bien de qué iba el mundo en la edad adulta sigue viva en ti, pidiéndote que hagas lo que te gusta, que escribas, que hables, que cubras, que informes, que entretengas, que crees, y sobre todo, que creas en que es posible vivir de lo que te apasiona.

Hace tres años estaba cansado de emprender con un medio que para ese entonces ya no era para mí, ya no me representaba. Me apasionaba tener el meme con mayor viralidad. Me apasionaba ver que las métricas subían. Me apasionaba incluso el desafío de competir sin descanso para seguir siendo líderes en un ring al que ya entonces se habían subido todos para imitar el estilo que habíamos impuesto. Lo hacían sin pudor y sin diferenciación. Pero aunque me queje, lo acepto. Pasa en los medios y pasa en la vida. Hoy no es suficiente con ser el primero. Haz de ingeniártelas para mantenerte vigente mientras el pelotón no hace más que correr tras de ti, quizás incluso con más fuerza y velocidad que tú porque a esas alturas tú has hecho el trabajo duro de aclarar el camino. El éxito es el mayor imán para la imitación. Y aunque en frío uno se da cuenta que aquello debería ser motivo de halago, ha de reconocerse que nada es peor que ver a otros haciendo lo que tú sin reparar siquiera en diferenciarse.

Uno de esos días, también golpeado por la edad que en algún momento te dice que ha llegado el momento de crecer, decidí lanzar The Muffin, el newsletter especializado sobre medios que representó también el nacimiento de Story Baker, plataforma que hoy integra una serie de podcasts, una división académica, una consultora, mi newsletter y a una comunidad que me ha proporcionado la máxima realización de mi vida, aunque por ahora sus números se cuenten en miles de suscriptores en vez de millones de likes y aunque muchos se preguntan qué estoy haciendo convirtiéndome en un analista de medios cuando podría seguir viendo futbol y deporte a cualquier hora y con sueldo garantizado. El sueño de muchos.

Así como hay periodistas que se han divorciado del periodismo, a mí me llegó a pasar con el deporte. Salí cansado de vivir tantas veces lo mismo. De tener que buscar ser creativo y entretener en el centésimo clásico nacional. De tener que simular emoción por un partido cualquiera de fase regular. De tener que estar monitoreando que lleváramos los memes adecuados en el momento indicado. De tener que estar presentando ideas ambiciosas que acababan en campañas de setenta y cinco mil pesos que había que llevar porque algo era mejor que nada, la lógica que tanto daño le ha hecho a la industria de los medios.

Me decepcioné del deporte. De sus formas y de sus calendarios. De sus medios y de sus manías. De sus discursos y de sus polémicas. Me separé de todo aquello que había sido piedra angular de lo que yo era como profesional. Aunque me apasionaba seguir los procesos electorales y las coberturas especiales de televisión cada que había un breaking news, es posible que hubiera acabado siendo criminólogo de no haber sido porque en mi camino se cruzaron el América, la Selección Mexicana, Hugo Sánchez, Cuauhtémoc Blanco y los recuerdos con mi madre en el estadio. Y pese a eso, me terminé fastidiando del deporte. Lo que no sabía es que aunque pensaba lo contrario, nunca firmé los papeles definitivos de divorcio. Siempre estuvo el América, lo reconozco, para mantenerme atento. Distante, pero pendiente.

A mi manera, aunque pretendía engañarme, pasé poco tiempo sin estar ahí. A un lado de la cancha. Queriendo volver. Extrañando que mis alegrías y frustraciones dependieran de un resultado. O de una declaración. O del despido de un técnico. Hice tres esfuerzos sin mucha convicción. Con amor, pero sin fuerza. Como cuando una relación está demasiado desgastada para volver a intentarlo. Primero fue La Servilleta. Un newsletter sobre medios deportivos. Pero me ganó el tiempo y la urgencia de atender otros proyectos. Hice también Óyeme más, un podcast para americanistas que pronto espero revivir. Duró muy poco. Me faltó coordinar tiempos con La Pluma del Poyo, americanista con el que pretendía y pretendo abatir los estereotipos en contra del americanismo. Los dos escribimos y leemos, lo que para los estándares que se tienen del América implica romper con el paradigma. También decidí hacer La Jugada de Pareto. Un newsletter sobre negocios, pero también sobre el deporte en sí mismo y, claro, sobre los medios. Una coautoría que se fue a dormir por un rato, pero que ahora está de regreso. No con el mismo nombre y con la filosofía popular desmitificándose dado que la vencida no fue la tercera sino la cuarta. Porque en la vida puedes recibir tres strikes y aún así levantarte para volver a intentarlo.

Se ha terminado mi divorcio del deporte. No puedo seguir negando ni mi esencia ni mi afición. Regreso movido por la inconformidad. Pasa que desde que dejé los medios deportivos, e incluso estando en ellos, empezaba a sentir que mi enojo no era tanto con el deporte sino con la falta de un medio que representara mi modo de querer vivirlo. No hay estilos correctos ni incorrectos. Tampoco tiene sentido ponernos a juzgar los modelos editoriales de otros, aunque sean más de lo mismo. Solo digo que hoy no hay un medio deportivo en Latinoamérica para mí. Que me hable del deporte como una industria, que me hable de los humanos que nos asombran, que me haga descubrir nuevas tendencias en lo que los deportistas comen, viven, calzan y promocionan. Que me deje información que pueda ser convertida en conocimiento. Que me llene de curiosidad. Que me haga volver a anhelar que llegue un partido por todo lo que ocurre en la antesala. Que me entregue ángulos que para otros permanecen ocultos. Que sea un descubrimiento, no una automatización. Para ir acorde a lo que los medios deportivos ofrecen, es aquí donde iría el meme de John Travolta buscando sin encontrar, volteando a un lugar y a otro. Ese meme representa a ese 20% de aficionados que como yo están desatendidos por los medios deportivos para los que las minorías carecen de valor, aunque quizás tengan mayor poder adquisitivo, aunque quizás (lo digo así para reconocer que primero enuncio una hipótesis y después la compruebo) se involucren con contenidos de mayor duración y por ende con mayor potencial comercial. Aunque quizás conformen una audiencia que convierta a otra forma de sustentar un medio deportivo.

Dado que no encontré ese medio en Latinoamérica, decido crearlo. No lo hago solo. No podría solo. Lo hago cobijado por una estructura y por un proyecto al que llego a sumar lo que sé para que ese medio se convierta en el que buscamos el veinte por ciento de aficionados que no nos sentimos representados por la oferta existente, que aunque excesiva, no acierta a satisfacer nuestras demandas. Se llama El Mister. Fue creado por Ivan Pérez, periodista que al no encontrar su lugar en los medios deportivos que no creían en lo que él hacía, no por falta de calidad sino porque no confiaban en que valiera la pena para el negocio, o que lo consideraban sobrevalorado para subir memes, que es lo que más se busca en la actualidad, se encargó de construir su propio espacio, de crear su propio lugar. Después llegaron otros y otras Misters a construir un proyecto que reúne talentos y voluntades. Un equipo que desde hace meses hace contenido quirúrgico, estratégico, que ofrece lo que otros no. Y que lo hace a tiempo, con criterio. Al producto novedoso, había que empaquetarlo a la altura. Sacarlo de la batalla de los clics, donde siempre iba a perder por no estar hecho para eso. Meterlo al terreno que le corresponde. Al de la audiencia de calidad. Al de las personas con nombre y apellido. Al de la creación de una verdadera comunidad. Al de la competencia consigo mismo. Por tener un mejor producto, por encontrar sus fuentes de monetización, por sumar suscriptores que se enamoren de la marca. Un medio que viva pensando en su modelo, en su propósito, en sus creencias y en hacer del negocio un medio para seguir haciendo buen contenido, no en hacer del negocio su única razón de ser.

Desde este lunes 19 de octubre, El (La) Mister será un newsletter que se enviará de lunes a viernes. Será curaduría, pero también contenido original. Será para la industria, pero también para aficionados que estén dispuestos a leer el deporte a partir de sus datos, de sus anécdotas y de sus tendencias. Será un esfuerzo muy nuestro. Un newsletter de autor que marcará época. Que compite, insisto, consigo mismo. Ya viví y fui parte de la creación de dos medios de distintas generaciones. Primero la de los sitios web que debían producir el mayor contenido posible.. Después la del contenido que nacía y moría en las redes sociales. Toca crear el medio de nueva generación, ese que se convertirá en emblema del veinte por ciento de aficionados que no encontraba un medio que los representara y que a partir de ello ha decidido crearlo. La cuarta será la vencida en mi reconciliación con el deporte.. Para ser parte de mi reconciliación con los medios deportivos, suscríbanse a El (La) Mister, Historias de Autor.

Si ustedes también tienen ganas de crear su propio medio, los invito a conocer qué es lo que podemos hacer juntos. Me encantaría ayudarlos y ser parte de ese camino en que la insatisfacción se convierte en emprendimiento.

Storyteller, escritor, conferencista y analista de nuevos medios. Hago un newsletter sobre marketing y medios. Tengo mi propio podcast.

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